08JUL

El trabajo en equipo en organizaciones sanitarias. Gloria y Paca


a propósito de un post de Nacho Vallejo



Estaba leyendo este reciente y recomendable artículo de Nacho Vallejo sobre el trabajo en equipo en las organizaciones sanitarias y me acordaba de Gloria y Paca, a la vez que me reía -yo solo- imaginando la reacción de cualquiera de las dos si les hubiera contado estas cosas.

Creo que nunca he hablado de ellas.

Pues alguna vez tenía que ser la primera.

Yo llegué a la sanidad a trabajar de celador, vía oposición.
Directamente.
Había trabajado durante unos meses…hacía casi 20 años. Cuando por esas cosas del destino, me ofrecieron trabajar de celador durante un verano, el primer verano tras iniciar mis estudios de psicología.
Pasados aquellos meses estivales, mi conocimiento de la sanidad era a nivel usuario.
Nunca mejor dicho.

El caso es que llegué el primer día y me enviaron a Endoscopias.
Un servicio situado en el semisótano del antiguo hospital La Fe, al que se accedía (como a casi todo) por unas escaleras.
Yo no había estado allí en la vida y me parecía todo igual.
Al lado, teníamos el servicio de hemodinámica, creo recordar. Y con ellos compartíamos un coqueto miniquirófano enfrente, al que yo le tenía cierto pánico.

 

Gloria, supervisora de enfermería de endoscopias digestivas, me acogió con cierta distancia al principio.
O eso me parecía a mí.
Recuerdo que le expliqué que yo no tenía ni idea, que era la primera vez que trabajaba de celador en un hospital y que me fuera ordenando cosas que yo iría intentando hacerlas.

Día tras día, la observaba en su trabajo.
Llegaba siempre tarde…pero es que se iba mucho más tarde.
Me alucinaba la manera de cómo trataba a los médicos que llegaban con solicitudes de pruebas, supuestamente todas urgentes y que al final, una mínima parte lo eran de verdad. Se sabía toda la teoría y la práctica, como mínimo al mismo nivel que cualquiera de los endoscopistas o digestivos que andaban por allí.
Y otra cosa no, pero disfrutaba horrores pinchándoles y poniéndoles a prueba.
Yo me partía de risa.

Poco a poco fuimos cogiendo confianza y le fui contando mis cosas de diabético….sentía que ella se preocupaba por mí.
Cada x tiempo, con esa socarronería tan suya, preguntaba si el sudor era porque llevaba 6 camas bajadas en media hora o porque estaba bajito…que no le diera sustos que ellos eran digestivos y no endocrinos…
Más de una vez y más de dos sé que aplazó exploraciones o actividades en las que yo debía intervenir porque sabía que estaba en valores bajos de glucosa y me había mandado a hacer una idiotez -que no venía a cuento en aquellos momentos- porque sabía que yo iba a aprovechar ese tiempo para comer algo y remontar.
Pero la muy puñetera no lo verbalizaba….e incluso después me lanzaba una puya para reírnos.

Aquella época fue un páramo de felicidad laboral.
Experimenté la sensación que un superior jerárquico confiara en ti, tener ganas de volver al día siguiente para trabajar más, tener enormes ganas de contribuir a un equipo que, poco a poco y con el respaldo de Gloria, me había ido incorporando a su dinámica de trabajo.
Porque se trabajaba y mucho. Demasiado, diría yo.
Pero yo palpaba la satisfacción mucho más que el cansancio.

 

 

A Paca la conocí en el nuevo Hospital.
El diseño del nuevo Hospital juntó las endoscopias digestivas, urológicas y de neumo dentro de una misma área.
Con sólo 2 celadores y como 15 gabinetes, más 1 quirófano que cubrir…el ritmo de trabajo, a veces era bestial.
Incrementado por la obligatoriedad de transportar muestras a anatomía patológica -varias veces durante la jornada- que se encontraba justo a la otra punta del hospital (entre ida y vuelta, más de 1 kilometro).

Paca era la enfermera encargada en endoscopias de neumo.
Similar edad a Gloria, cortadas por el mismo patrón de servicio al trabajo y al paciente.
Cariñosas -cada una a su manera- con los pacientes, con incomprensible e interminable capacidad de trabajo y conciencia de que juntos se llegaba más lejos que separados.
Liderazgo enfermero bestial.
Máximo conocimiento técnico.
Capacidad de comunicación y habilidades sociales de las de tomar nota.

De nuevo viví y sentí lo que es aplazar actividades y exploraciones porque “su celador” no había almorzado.
Escuchar eso supone una presión inmensa. O al menos a mí me lo parecía.
Porque se lo decía -casi ordenaba- a los médicos, a los neumo e incluso a los anestesistas…y todo el mundo asentía.
Ya no era sólo por mi diabetes -imagino que también- sino por deferencia y cuidado de equipo.
Y te lo decía…porque después te exigía.

 

De (y con) ellas aprendí a trabajar:
Visión, misión y valores…el paciente. Lo demás era accesorio. Y lo demostraban en cada caso.

Su propia ética hacker organizacional…cuando había que resolver algo se hacía o se hacía, las reglas eran lo de menos.

Los roles son sagrados. Tanto como la competencia profesional.
Pero aquí estamos para sacar el trabajo…y lo que haya que hacer se hace.

Te ayudo, te respeto, pero también te exijo. Seas cirujano, anestesista, celador o administrativo.

Reírse y buen humor. Cada uno con su estilo.

Compromiso. Por encima de cualquier otra consideración.

Confianza. Incluso si te equivocas. Te la doy desde el inicio y tú la amplias…si quieres.

 

 

Muchas veces, realmente muchas veces, he tenido conversaciones con enfermeras, auxiliares o celadoras veteranas (curiosamente siempre personal sin cargo y no facultativo) y acabábamos con una frase: “antes daba gusto venir a trabajar”
Porque antes se trabajaba de otra manera.
Y no sabíamos salir de ese bucle conversacional.
Aunque yo sabía de dónde venía y lo que significaba gracias a Gloria y a Paca.

08/07/2021






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