20MAR

Con el tiempo, siempre aparecen las mismas actitudes.


A propósito de un noticia



Ayer viernes (día de San José, en Valencia festivo fallero hasta la extenuación en pasados años sin pandemia) leía, entre asqueado y enfadado, la noticia sobre unos malos tratos a una persona con autismo por parte de un conductor de autobús municipal y dos policías locales de mi ciudad.

 

Desde mi infancia, sé lo que es ser diferente en la calle, en medio de grupos de personas, que te miren en transporte público, notar que eres extraño…
Primero al acompañar a mis hermanos, ambos son síndrome de cromosoma x frágil (buscar vosotros lo que es…darle dinerito a Google).
Después acompañando a mi madre, un alzheimer muy temprano, con conductas socialmente extrañas y comportamientos anormales.
Más tarde apareció mi diabetes, pincharme en público (insulina y glucemias) y en los últimos años mostrar mi medidor continuo, con parches adhesivos bien visibles en verano o con la bomba de insulina y su dichoso cable…

Y finalmente acompañando a mi padre, quien durante varios años llevó un concentrador de oxígeno cada vez que salíamos de casa (por suerte, lo hacíamos frecuentemente) por su avanzada EPOC.

 

Con el paso de los años, se ha ido reduciendo el número de personas de las que me importan sus opiniones.
O en otras palabras, me importa poco lo que digan, miren, opinen o se imaginen el 99,99% del mundo, respecto de mí, mi familia, mis actitudes o mis conductas.

 

Pero no soy un ermitaño -vivo en sociedad, aunque no lo parezca- ni soy impasible ante este tipo de noticias.
Me imaginaba qué haría si mis hermanos -también usuarios de la EMT- se hubieran encontrado con los supuestos “empleados públicos” y su falta de empatía, delicadeza, respeto y educación…

 

 

Y es que estas cosas, aparentemente, acaban en poco o en nada.
En el mejor de los casos una sanción/amonestación, leve o moderada, para los culpables.

Pero el mal cuerpo, te lo llevas a casa -también en el mejor de los casos- para varios días y te lo comes solito.
Tú y tu familia.
Tirando de resiliencia, de pragmatismo.
Y de ingenuidad. Porque piensas que no volverá a pasar o que ojalá todo lo malo sea eso.

Pero no es así.
Con el tiempo, aparecen las mismas actitudes.
En otros contextos, en otras circunstancias.
Pero esencialmente lo mismo.
Y aunque te molestan menos, te amargan un rato.

Porque la mierda siempre gana.


23/03/2021






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