18JUN

Fantasías animadas de ayer, de hoy y de siempre


Un día cualquier no sabes qué hora es



Todos hemos fantaseado alguna vez.
En cualquier aspecto, circunstancia de la vida y momento de nuestro ciclo vital.

¿Qué sería de nosotros sin soñar?

 

Hoy, mientras cogía el último vagón del Metro que me conducía a mi trabajo, soñaba que era el primer vagón en llegar a mi parada.
Que la tecnología había avanzado tanto que podía elegir el lugar donde paraba mi vagón, dentro mismo de la estación…y que si nadie bajaba en mi parada, mi vagón sería el primero.

En realidad me da igual, normalmente tengo demasiado miedo para desear ser el primero en algo, soy demasiado cobarde para iniciar una aventura inexplorada.
Salvo si voy acompañado.
En eso soy bueno.
Acompañando.

 

Durante mi viaje, fantaseo con la vida de los que me rodean. Imagino profesiones, situaciones en las que desarrollan su vida.
Coincido con dos señoras, de brazos fuertes, robustas espaldas y voces discretas que disparan un idioma ininteligible. Las imagino como atletas en la antigua URSS, bajo la presión del rendimiento deportivo como forma de propaganda política (y qué poco hemos cambiado desde entonces…) madrugando camino de inacabables jornadas de entrenamiento físico y mental.

Que tampoco es tan diferente a la presión por aguantar un puesto de trabajo, bajo la amenaza de no encontrar otro...

 

Un maletín de cuero a juego con unos zapatos impolutos, destacan entre snikers, chanclas y calzado veraniego. Traje muy formal, camisa perfecta y corbata demasiado alta en su nudo. Barba cuidada y recortada, mirada perdida…un empleado clásico de banca. Al levantar el brazo para asir la barandilla asoma un tatuaje en la muñeca, medio tapado por 2 pulseras, una de cuero y otro de material sintético…

¿una discoteca?

¿una vida de día y otra muy diferente de noche en fin de semana?

 

 

Una gran bicicleta entorpece la salida del grupeto de estudiantes que bajan en la siguiente parada.
Supongo que son estudiantes
Ya no se llevan las carpetas decoradas con fotos de artistas…mochilas con pc portátiles, tablets y algún libro se vislumbra en las mal cerradas bolsas.

El tumulto de salida se disipa y deja la visión libre de una chica con un adminículo extrañamente familiar.
La camiseta, corta en su longitud, deja ver el catéter adosado en un lateral del abdomen.
Tras manipular la bomba de insulina, la guarda en el sostén.
Un gesto que no me sorprende, pero que por pudor me lleva a apartar la vista…

No quiero que piense que mi mirada tiene otras intenciones libidinosas…

 

Mi mano en el bolsillo derecho del pantalón atrapa y extrae mi bomba de insulina, compruebo que mi glucosa está bien, es la cuarta vez que lo miro y son las 7.45 de la mañana.
Tras volverla a guardar, levanto la vista y me encuentro una sonrisa.

 

Nunca imaginé que encontraría a alguien en el metro viendo su bomba, me dijo.
Llevo poco tiempo y es la primera persona que veo que la usa en público.

 

Acaban los 20 escalones que separan la salida del Metro de la calle.
Apresuro el paso en una acera desierta, donde bares y cafeterías acomodan sillas y mesas al amparo de una discutible ordenanza municipal que permite la ocupación -cuasi impune- de la vía de circulación peatonal.

El rectángulo blanco destaca sobre el masa grisácea de la acera.
Tamaño inconfundible
Es una tira reactiva
Con la punta de la zapatilla logro darle la vuelta con un ligero puntapié

El rojizo de su extremo superior confirma que es una tira usada.
Fantaseo con el resultado del análisis y repaso rápidamente los clientes acodados en la barra del bar.
Todos café
Quizás alguno ha tenido una hipoglucemia

 

Fantaseo con que alguna vez tenga la posibilidad de cambiar las cosas a mejor.
Para mí y para el resto.

18 junio 2019






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