02NOV

Trabajando con pacientes.


heridas tras un trabajo con un grupo de pacientes



Azulejos blancos en las paredes.
Suelo brillante, recién pulido.
Todo limpio.
Lo que uno espera encontrar en un Hospital.

 

 

Varias personas aguardábamos la llegada del ascensor.
Hice un repaso rápido, por si acaso alguno iba a ir a mi grupo.
El primer día, cuando no conoces a las personas que formarán tu grupo, la curiosidad se mezcla con la incertidumbre y el deseo de tener un buen grupo de personas para poder trabajar con (junto a) ellos

 

Cuando se abrió la puerta del ascensor, enfilé en solitario hacia el aula.
Aún no había llegado nadie.
Tras encender luces y ordenadores, la ventana ofrecía una visión del aparcamiento para las ambulancias, clandestino enclave de pacientes ingresados que deambulaban -pitillo en mano- a la espera de la hora para la merienda.

 

Al poco fueron llegando, puntuales pero mascullando la falta de indicaciones para llegar al aula.
Media de edad alta.
Demasiado
Unos muy desenvueltos – preguntando atropelladamente- y otros callados.

 

Procuro no mirarles demasiado.
Aún es pronto para eso.
Prefiero fijarme dónde se sientan y qué traen consigo.
Bastones, una silla de ruedas, bolsos pequeños.

Tras el protocolo inicial, empieza lo interesante.
El desfile de apertura.
Se abren al resto, cuentan la enfermedad que tienen.
O la que tienen quienes cuidan a diario.

No hay sonrisas
El silencio es denso.
Ayer fue distinto de otros días.
Sentí el temor en los relatos de los progenitores…miedo a no saber quien cuidará de sus hijos cuando ellos no estén.
Me duele.
Sé lo que es ese temor, racional, asquerosamente racional.
Y no se puede hacer nada…es lo que hay, por muchos recursos sociales que haya.
El sentimiento está ahí.

 

Faltaban los otros 3
Tono de voz apagado
Miradas fijas, muy fijas, demasiado fijas, sin pestañeo…de esas miradas que te incomodan.
Confesiones de patologías graves, contadas sin emoción, como quien recita algo mil veces repetido.
Reconocimientos de incapacidad para las actividades diarias.
Sufrimientos que no hace falta detallar, se supone con sólo verlos y escucharlos.
Incredulidad de las ventajas de asistir a este grupo.
Me siento como los antiguos vendedores de enciclopedias a domicilio.

 

El erróneo planteamiento del grupo, la inadecuada selección de método, contexto y participantes no esconde el impacto que me ha causado.
No necesitaba esto ahora.
Nunca
Pero ahora menos.
Por el programa y por mí.

 

Un sistema completamente despojado de continuidad asistencial.

Sanidad aislada de Servicios Sociales

Lo del trabajo multidisciplinar es un eufemismo para decir que te pasan de profesional a profesional cual pelota de rugby atrapada por la línea de tres cuartos.
Los pacientes no merecemos más cosas de las que ya tenemos.
Merecemos mejores cosas.
Grupos de personas como el de ayer, en programas como el de ayer, confirman que el sistema no funciona
Corrijo, funciona para algunos…ninguno de ellos es paciente ni cuidador

 

Trabajar con pacientes es gratificante
Pero cuando eres paciente y cuidador de otras personas es muy difícil no salir herido.
Lo genial e importante es usar las heridas para saltar más alto, para darte cuenta de lo importante, tirar a la basura lo absurdo y ver que sólo importa el día que vives, la persona con quien estás y lo que estás haciendo.


Pero con la otra parte, la del sistema, no puedo.
Es indignante que sepa manejar mis miedos, mis inseguridades, que retome el vuelo tras las heridas…y sea incapaz de cambiar -ni un microgramo- un sistema que no beneficia al paciente, que no cuida al paciente en su totalidad.

Puedo seguir recibiendo heridas.
Pero no puedo seguir chocando contra rocas de granito que no se van a mover.

02 noviembre 2017






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